Domingo, 10 de enero

Domingo, 10 de enero

Domingo, 10 de enero
Bautismo del Señor

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 6b-11.
En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

Pistas: Se acaba la Navidad y vamos a comenzar el tiempo ordinario. La fiesta que inicia este salto es el Bautismo de Jesús. Los Evangelios nos cuentan que fue un punto de inflexión en la vida de Jesús. Desde este momento no parará de anunciar el Reino, invitar a la conversión, realizar signos y milagros.
¿Cómo rezar con este pasaje? Primero vamos a comprender bien el bautismo de Juan (el precursor, el hijo de Isabel y Zacarías). Anunciaba que el Reino de los Cielos estaba cerca, invitaba a la conversión y al cambio de vida. Y como signo de ese deseo de cambiar y purificarse bautizaba a los que aceptaban su predicación. Es un signo de purificación y deseo de conversión.
El bautismo cristiano tiene también esa simbología de purificación y conversión, pero es mucho más. Y comienza con el bautismo de Jesús. Como hemos celebrado durante la Navidad, Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Y en su humanidad Jesús es el hombre lleno, repleto, de Espíritu Santo. Éste es el don del bautismo, el Espíritu que nos hace también a nosotros hijos de Dios.
Esos dos elementos aparecen en nuestro relato. Juan reconoce que su predicación sólo puede invitar a la conversión, que detrás de él viene alguien más grande que dará el Espíritu Santo. Y la voz del cielo anuncia que Jesús es el Hijo. Por medio de Él nosotros también somos hijos.
Fíjate, Juan sólo puede invitar, anunciar, prometer… Pero Jesús lo realiza. Ése es el regalo del bautismo: la capacidad para ser, para vivir, para hacer realidad la conversión, la promesa.
Se acabó el tiempo de Navidad, vuelve la rutina (o algo parecido en este tiempo raro que estamos viviendo). Si nos llenamos del Espíritu podremos afrontarlo de un modo nuevo. Hacer dar fruto al don del bautismo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

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