Lunes, 23 de marzo

Lunes, 23 de marzo

Lunes, 23 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 4, 43-54
En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.»
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque hablan visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos hablan ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde habla convertido el agua en vino.
Habla un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia.
Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Pistas: Vamos a fijarnos en la fe del funcionario. Primero busca a Jesús porque le necesita. Jesús no quiere una fe así. Le da una respuesta que parece un rechazo (parecida a la que dio a su madre en las bodas de Caná). Pero le hace reaccionar, insistir.
A veces los reveses, las contrariedades, nos ayudan a perseverar. Jesús no lo desprecia, sino que le hace avanzar. La verdadera fe no es conseguir lo que en un principio tenemos planeado (que Jesús fuese con él a su casa), sino fiarse de Jesús, confiar en Él y en su palabra. Y a pesar de que la respuesta no es la que esperaba, él cree (como hizo María mandando a los sirvientes hacer lo que Jesús les dijera). Cree en Jesús y en su poder. En medio de las dificultades, acercarse a Jesús, encontrarse con Él, puede lograr cosas extraordinarias.
Fíjate también cómo el funcionario creyó y se puso en camino. Puedes imaginarlo bajando a Cafarnaún, a su casa, con la esperanza de la fe y la incertidumbre de las dudas. Un camino hecho sin más ayuda que la fe en la palabra de Jesús. No sabe si su hijo está curado, no lleva a Jesús con él. Tampoco se ha quedado a obligar a Jesús a que baje con él. ¿Qué vería en Jesús para fiarse? ¿Qué pensaría por el camino? ¿Y si llega a casa y no está curado su hijo? Ha quemado las naves. No podrá ya hacer nada más por su hijo. Esa es fe de verdad. Eso es creer en la palabra de Jesús y aceptarla.
La vida es un camino de Caná a Cafarnaún, como hizo el funcionario real. Al llegar se comprueba que hicimos bien fiándonos, creyendo. Pero sólo se llega a la meta, sólo se ve que merece la pena, si fiándote de Jesús y aceptando sus palabras te pones a caminar. Entonces verás. Y no siempre será por el camino que esperabas.
Y, por último, ¿cuánto podemos ayudar a las personas que nos rodean dando testimonio de lo que Dios hace por nosotros? Hablamos muy poco de estos temas, pero seguro que alguna vez has experimentado la ayuda de Dios, has visto un pequeño o gran milagro en tu vida, has orado y has tenido paz, has pedido algo y sucedió. Otras veces, no del modo que tú esperabas, pero viviste la situación con paz o con unas fuerzas nuevas… Compártelo, porque la fe también es contagiosa y puedes ayudar a tener el regalo de la fe a los tuyos.
Deja que la Palabra de hoy dé luz a tu fe, a tus necesidades y recoge la invitación de este Evangelio a fiarte de Él y seguir en camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

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