Lunes, 5 de abril

Lunes, 5 de abril

Lunes, 5 de abril
Lunes de la octava de Pascua

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pistas: Se repetirá en toda la Pascua: “No tengáis miedo”, “alegraos”, “id a decir, id a anunciar”, “fueron y contaron”. El encuentro con el Resucitado vence los miedos. Miedo al futuro, a los problemas del presente… ¿Cuáles son tus miedos? Piénsalo por un momento.
Cada vez que te acerques a Jesús, Él te dirá: “No tengas miedo”. Si dejas que el poder de Jesús resucitado, el poder del Espíritu Santo, actúe en tu vida, el miedo será vencido y aparecerán la esperanza y la fortaleza. Porque realmente Jesús ha vencido a la muerte. El mal no ha podido con Él. Y donde hay esperanza y vida, donde el amor de Dios vence, aparece una alegría que nadie podrá robar.
Sin embargo, desde el principio comienzan las luchas, las dificultades, las conspiraciones. Los que habían llevado a Jesús a la cruz no se arrepienten ni recapacitan. Están absolutamente ciegos, no son capaces de plantearse quién es Jesús. Sólo quieren acabar con Él. No les importa la verdad. Corrupción, sobornos, intereses… Llama la atención cómo todos son capaces de trabajar en la misma línea sin importarles la realidad o la verdad. Es una huida hacia delante… Cuántas veces el pecado nos encierra en esa situación. Ya no ves salida, ni quieres verla. Hacia adelante, a pesar de saber que vas por un camino equivocado. O tal vez, están tan ciegos que creen que hacen lo correcto.
Fíjate qué mundos tan distintos: el de Jesús y sus discípulos, y el de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Los primeros parecían muy perdidos, estaban absolutamente destrozados. Si lo piensas bien, estaban solos. Los judíos los odiaban por seguir a Jesús y querrán acabar con ellos; los romanos los tienen por los seguidores de un rebelde que se hacía llamar a sí mismo “rey”. Los judíos parece que controlan la situación, seguros de sí mismos, utilizando los recursos que tienen a su alcance para salirse con la suya. Pero los discípulos encontrarán alegría, esperanza, valor, verdad, vida, luz… y los otros sólo pecado, maldad, miedo. Una vez más queda claro que el pecado sólo crea más maldad, el pecado sólo engaña y miente.
Encontrarse con el Resucitado y encontrar la verdad o vivir en la mentira y los intereses. Ésta es la decisión que te plantea el Evangelio hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

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