Martes, 13 de agosto

Martes, 13 de agosto

Martes 13 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Pistas: Antes de leer el Evangelio piensa esta pregunta: ¿Quién crees que es el más importante en el Reino de los Cielos? Dicho de otro modo ¿quién es el más importante, el principal, en la Iglesia?

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos? El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos.
El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Pistas: “Si no volvéis a ser como niños no entraréis en el Reino de los Cielos”. Cuántas veces aprendemos cosas de Dios, nos hacemos nuestras seguridades, nuestras rutinas sobre la fe y sobre la vida… Y, de repente, el Dios que estaba vivo en nuestro corazón, que era nuestro amigo, nuestro confidente, nuestra fortaleza, nuestra esperanza y alegría… se vuelve un desconocido, una tarea, un deber o un conjunto de ideas.
Hace falta ser como un niño para entrar en la dinámica del amor de Dios (ése es el Reino), para poder conocer y amar a Dios como Padre y vivir como Jesús enseña, con la certeza de que lo que nos pide es posible (como un niño confía en sus padres). Ya sabes que esto no significa ser bobalicón o un niño caprichoso. No se refiere a eso Jesús, sino a la sencillez, humildad, inocencia y sinceridad que se espera de un niño. A la confianza en Dios que cuida de nosotros y al que necesitamos.
“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños”. Cuidado en la Iglesia con despreciar a los sencillos, a los humildes y andar buscando honores y reconocimientos. Estos pequeños se asocian a los poderosos ángeles que ven el rostro de Dios. Y ¿cuántas veces caemos en esa tentación? Nos interesan los que nos sirven, los poderosos, los que parecen más “válidos”… Y, finalmente, se refuerza esta idea con la parábola de la oveja perdida. “Vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”.
Todo esto nos habla de la imagen de Iglesia que tenemos y del tipo de Iglesia que queremos construir (o que de hecho estamos construyendo): ¿la de los puestos y los honores? ¿o la de la sencillez, la humildad y la acogida? ¿la que está estancada y acomodada, la de “los buenos”? ¿o la que va a buscar a quien está perdido y se alegra cuando vuelve?
Jesús te invita hoy a hacerte como un niño en su presencia y a entrar en su Reino. ¿Te atreves?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

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