Martes, 6 de abril

Martes, 6 de abril

Martes, 6 de abril
Martes de la octava de Pascua

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 11-18
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Pistas: La fe es la historia de un encuentro. Del encuentro con Jesús. Da igual que esté a tu lado. Hasta que no escuchas su voz y te vuelves, hasta que no te llama por tu nombre y tú “descubres” el suyo no importa que sepas que Dios existe, que Jesús ha resucitado, incluso que le ames. No importa saber muchas cosas de Dios… Si no se convierte en una relación viva no tendrás una fe auténtica y mientras vivirás en la tristeza y mirando al sepulcro.
María no mira a Jesús. Mira al pasado. Incluso se da la vuelta. Lo ve pero no le reconoce. Quizás estés así en tu vida. Has oído hablar de Jesús, crees en Él o le amas; pero el pasado, el miedo, el peso de los acontecimientos te hacen mirar hacia donde Él no está o tenerle delante pero no reconocerle. Así, tu fe está apagada. El único camino es escuchar su voz, dejarte llamar por tu nombre. Y la voz de las personas se conoce cuando entablamos una relación con ellas. Sólo así serás capaz de distinguirla entre otras voces. En la oración, en la Palabra y en los sacramentos; mirando a Jesús, encontrarás la verdad. Los ángeles y el sepulcro vacío le habían dado motivos para creer a María, pero no había sido capaz de dar el gran paso. La Iglesia te anuncia a Jesús pero necesitas encontrarlo tú personalmente.
Al releer el Evangelio piensa en qué momento de tu fe estás. Jesús se acercará a tu vida, a tus sufrimientos, a tus preocupaciones, y te preguntará, te escuchará (esto es rezar). Si estás buscando, mírale, escucha su Palabra, reza… y tu fe será viva. Verás y reconocerás a Jesús a tu lado.
Si ya lo has encontrado, escucha lo que te pide. El encuentro con el Señor siempre implica la transformación del interior, y la misión. Hoy le dice Jesús a la Magdalena: “Anda, ve a mis hermanos y diles…”. Tal vez te lo diga también a ti. No vale una fe acomodada: ¡Qué bien que ha resucitado! ¡Qué bien que Dios me ayuda!… porque si encuentras el amor de Dios eso te llevará a comunicarlo. Si encuentras a Jesús vivo y resucitado irás a contarlo. Y tu vida no podrá ser la misma.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

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