Miércoles, 11 de septiembre

Miércoles, 11 de septiembre

Miércoles 11 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 20-26.
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

Pistas: ¡Qué contradictorio parece todo! Pero si ser rico, estar saciado, reír, tener fama y ser admirados es algo bueno ¿no? Jesús enseña que eso sólo no da la felicidad. Es más, muchas veces impide lograrla. Y, por el contrario, siendo pobre, pasando necesidad, llorando, siendo perseguidos… puede uno ser profundamente feliz.
Conozco casos que ejemplifican lo que Jesús dice. Y seguro que tú también. Ricos, personas de las que todos hablan bien, que no necesitan nada, y otros que ríen mucho y en el fondo todo es mentira, no son felices, y muchos de ellos no son buenos, ni pueden ser dichosos. Y muchos otros casos en los que las personas no tienen motivos para ser felices y, sin embargo, lo son.
En el fondo se trata de tener el estilo de vida de Jesús. Si aprendemos a vivir como Él enseñó, ninguna circunstancia de la vida, ni siquiera la muerte, la enfermedad, la injusticia o el sufrimiento más grande, podrán robarte la felicidad, la salvación, la paz, la esperanza, la fe, el amor… Nada podrá robarte a Dios, que está en tu corazón. Nada ni nadie podrá quitarte ni ponerte nada porque Dios ya te ha dado todo, se ha dado él mismo, y está en tu corazón. Y Él te da la fuerza para seguirle y vivir como discípulo de Jesús.
¿Quieres ser feliz? Vas a tener que ir a contracorriente, tendrás que ser contracultural, superar muchos engaños de nuestra sociedad y seguir a Jesús con todo tu corazón y tus fuerzas. Pero el premio es encontrar aquello que tu corazón busca, la liberación que buscas de todo aquello que te roba la paz y te hace infeliz. O, dicho en positivo, la plenitud que buscas, la felicidad que anhelas, está en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

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