Viernes, 11 de octubre

Viernes, 11 de octubre

Viernes 11 de octubre
Santa María Soledad Torres Acosta, virgen
San Juan XXIII, papa

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron:
Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
El, leyendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?
Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.
El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: Volveré a la casa de donde salí.
Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

Pistas: Este Evangelio quizás nos resulte difícil. Jesús expulsa demonios. En los Evangelios se nos habla frecuentemente de ello. Forma parte de los signos de la llegada del Reino expulsar el demonio y luchar contra el mal y el pecado. Por eso Jesús dice: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Aquí nos da la primera enseñanza. Expulsar el demonio es signo del Reino. Puedes ponerle nombre al demonio: mentira, envidia, soberbia, egoísmo, violencia, avaricia… Donde está Dios, el demonio tiene que marcharse.
Dios es más fuerte que todos los demonios. Lo demostró resucitando a Jesús y lo demuestra venciendo el mal a fuerza de bien. Pero como nos enseña la Palabra de Dios, el cristiano no es un ser débil o cobarde que busca refugio donde esconderse o encontrar algo de consuelo en la fe. Con el dedo de Dios echamos al demonio. Somos fuertes si estamos con Jesús. Y sólo así tendremos esa fortaleza. No valen medias tintas: “El que no está conmigo, desparrama”.
Por eso, nuestra implicación tiene que ser total si quieres dejar al poder de Dios actuar en ti. Para que tu casa esté defendida tienes que llenarla de Dios.
Si quieres crecer tienes que desarraigar el pecado de tu vida, cambiándolo por la gracia de Dios. No le dejes el resquicio de las excusas (bueno, es que yo soy así, es que esto es muy difícil, no es para tanto, todo el mundo lo hace…). Por eso Jesús dice que la casa no sólo tiene que estar barrida y arreglada. No sólo vale con un lavado de cara. Para no volver a lo de antes, para que el resultado final no sea peor que el principio, necesitas estar con Jesús. Tiene que estar con Él en tu casa. Déjale entrar hasta el final.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

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