Viernes, 22 de mayo

Viernes, 22 de mayo

Viernes, 22 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:

  1. Pide el Espíritu Santo
  2. Lee despacio y entiende
  3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
  4. Ora, respóndele al Señor
  5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 20-23a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

Pistas: “Nadie os quitará vuestra alegría”.
Por un lado el mundo intentará quitar de en medio a Jesús y estará alegre porque creerá que ha vencido. No le importa todo el bien que hacía, ni quién podría ser, ni la verdad… Lo cierto es que en dos mil años no ha cambiado mucho la historia, parece que poco importan el bien, la verdad, la justicia o las personas… Y ahora, como entonces, puede parecer que el mal vence y que Dios no está. Vemos tanta gente buena y justa que sufre, tanto inocente que no lo merece y que pasa por verdaderos infiernos… Tanta gente que llora y no entiende ni encuentra esperanza. Pero Jesús vive, Él no se ha ido, Dios no se ha desentendido. Jesús se hace presente en medio de la comunidad y en los que creen en Él, en sus discípulos.
Por otro lado, este sufrimiento se parece al de un parto. El dolor, el sufrimiento, no son lo definitivo. Pero, a veces, como en una conversión, son el camino. A veces, el sufrimiento, la lucha, la dificultad, nos ha llevado a alcanzar algo que ni siquiera podíamos soñar. Lo definitivo es que va a haber vida, alegría y victoria. Lo definitivo es que Jesús va a estar ahí y que tu tristeza pasará. Lo definitivo es que ni la muerte, ni el sufrimiento, ni la soledad, ni el pecado, ni el mal, tienen la última palabra.
Aterriza todo esto pensando en tu vida: ¿Qué ocurre en tu propia vida, en la Iglesia o en el mundo? Puedes ponerle nombre a tus sufrimientos, tristezas y luchas, a tus decepciones y soledades… y después intenta levantar los ojos y mira a Jesús resucitado y vencedor. Porque cuando Él está “nadie os quitará vuestra alegría”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

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